viernes, 1 de marzo de 2013

Sportinguista a 400km...



No voy a mentir: no soy sportinguista desde que nací aunque sí estoy segura de que si hubiera nacido en Asturias –ya no digo en Gijón, sino en Asturias-, sí lo habría sido.

Mis padres son culés. Mejor dicho, muy culés. Y somos de Salamanca, por lo tanto, también vibramos con la UDS. Digamos que a mí me hicieron de estos dos equipos y todo lo que sé de fútbol es gracias a mis padres. Cuando pasó el tiempo, me reafirmé en que amaba a estos equipos, pero como todos, siempre nos acabamos enamorando de un equipo en especial y en mi caso fue del Sporting.                                                                                             

Mi abuela se enteró de esto cuando tuve que ver en su casa el Real Madrid-Sporting y vino corriendo al salón tras escuchar el grito que di cuando De las Cuevas marcó ese golazo. No veáis que susto se llevó… Pero ya está acostumbrada.

Hace ya unos cuantos años que sigo al Sporting… No sé si atreverme a decir que “soy” sportinguista ya que compartiendo corazón con dos equipos más… Cuesta. Y cuesta porque creo que el Sporting no es que se merezca un corazón ‘enterito’ para él, sino que tendríamos que tener dos para que quepa todo el amor que provoca.
                                                                                                                                                     
Por eso digo que soy “una especie extinción tan real como la vida” (ESDM), porque mi corazón está teñido de varios colores. Esto a largo plazo es un problema, eh, no os creáis, que yo afirmo que el fútbol me quita años de vida, pero es tan bonito vivirlo…

Pero a lo que verdaderamente iba: estoy completamente enamorada del Sporting, de El Molinón y de Gijón. Cada vez que voy al “Templo” lo confirmo más.                                                                                                         
Siempre me quedo embobada cuando suena el himno. Es de los momentos más especiales que he vivido y vivo, de verdad lo digo. Siempre se me pone la piel de gallina.

El Sporting es un sentimiento; uno especial, precioso e inigualable. Y me siento orgullosa de haberme ‘enamorado’ de él y de poder sentirlo aunque sé perfectamente que el mío no es tan ‘puro’ como el que tienen la mayoría de los sportinguistas.

No vivimos el mejor momento de nuestra historia: nos ha dejado el mejor entrenador que hemos tenido; estamos en Segunda División y en la zona baja; el ambiente está crispado –y con razón-… Pero pese a todo esto debemos seguir y como dice el himno: “Sporting a la lucha, batalla sin cesar…”.

Y finiquito este post diciendo que debemos ganar al Girona. Repito: DEBEMOS. Y como todo ‘deber’, tenemos que cumplirlo.

¡PUXA SPORTING!

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