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| Foto: GOOGLE. |
El templo del sufrimiento. Así llamo yo al hospital. O la
eterna sala de espera… Cuando pasas allí horas y horas terminas observando y
ves el sufrimiento en los ojos de las personas, la preocupación, la tensión…
Hoy he estado casi toda la mañana allí y he visto de todo.
Pero sin duda me he quedado con una imagen, una que te hace hasta llorar:
Una pareja anciana estaba sentada a mi lado. La mujer estaba
en silla de ruedas, apenas podía hablar, tenía un continuo ‘tembleque’ en la
mano y lloraba en silencio, sin protestar. El hombre la miraba con angustia,
sufriendo por ver cómo ella padecía, le agarraba la mano y no la soltaba, le
acariciaba constantemente, le preguntaba si está cómoda… Pero él tampoco estaba
bien, debía tener una enfermedad en las cuerdas vocales porque apenas podía
hablar. No era fácil llevar la situación y pese a eso te contestaba a todo con
una sonrisa, se preocupaba por mí y por los de alrededor y le pedía a mi
acompañante si le podía ayudar a leer la carta de la cita… Eran las 11 de la
mañana, ellos tenían a las 12.30 pero llevaban allí desde las 9, la consulta iba
por los citados a las 10.30, pero ellos no protestaban… Es más, el hombre se lo
tomaba con cierto humor… ¿Qué va a hacer si no? Seguía sin soltar a su mujer… Y
no lo iba a hacer, no la dejaba ni a sol ni sombra, ella apenas podía
manifestarse pero le hacía saber su agradecimiento y que por favor no le
soltara. Sabía que estaba con ella, apoyándola y eso le daba tranquilidad. Se
veía.
Me fui. Allí les dejé esperando. Pero ahora la que lloro soy
yo por ver la ternura de ese hombre hacia su mujer tras tantos años, tras tanto
sufrimiento… Me acordé de mi abuelo, que ya no está, era tan similar a ese
señor… Por momentos sentí que era él.

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