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| Foto: Julián Rojas - EL PAÍS. |
Hoy he leído esta noticia en el país. Y según iba leyendo
pude imaginarme -aunque nunca conseguiría hacerlo a su dimensión real- el
sufrimiento que tanto los dos protagonistas de ella, como el resto de
inmigrantes que lo han intentado llegar aquí, han experimentado.
Lo digo y lo repito: no entiendo las diferencias que la
gente se empeña en establecer. ¿De verdad creen que alguien es mejor o peor en
función de su color de piel? Con tan solo una persona que exista que piensa así
ya es síntoma de que las cosas no se están haciendo bien. Y el problema es que
no hay una sola, hay muchas…. Con la crisis se van sumando más a una ridícula y
estúpida lista que nunca debió existir.
Uno de los protagonistas de la dicha noticia ha afirmado: “Los perros que pasaban delante de nosotros
estaban mejor cuidados”. ¿Saben? tiene mucha razón. En España, por mucho
que me duela, predomina más el racista que el que no lo es y el que diga lo
contrario es que vive en una realidad totalmente paralela. Aquí solo se mira
bien al inmigrante si sabe hacer maravillas con el balón, pero ¡ojo!, el día
que está bien… Porque el día que ya no juega bien por cualquier motivo ya
aparecen los insultos racistas. This is Spain.
No entiendo como un país que ha sido de tradición emigrante
hasta hace relativamente pocos años puede mirar así a los que vienen. Ahora han
vuelto a cambiar las tornas. Seremos nosotros los que emigran. ¿Y ahora qué? A
todos esos que han mirado con miedo, asco y odio a un inmigrante, ¿qué sentirá
y pensará si le hacen a él lo mismo en otro país?
Sueño con un mundo en el que no tengan cabida más relatos
como del que les he hablado, pero no porque los callen –como han hecho muchas veces-,
sino porque no existan.
Albert Yaka, uno de los protagonistas de la noticia, dice
esto: “Soy un compendio de las experiencias que he tenido. Parte de los
lugares en los que he vivido están en mí, pero no soy marroquí. En Marruecos es
donde empecé a darme cuenta de que era pobre, tenía elementos en contra y no
era bienvenido. Y era negro. Y en Camerún soy un extraño. ¿Hasta cuándo voy a
ser emigrante? Mi color de piel ha cambiado, huelo de forma diferente, ¿cómo
puedo explicar esto aquí? Todo esto lo sufro en silencio. No soy un prototipo
del fenómeno migratorio. Hace cuatro años que sueño en español. Ahora entiendo
que soy parte de esto”.
¿Lo entienden? ¿Entienden el sufrimiento que padecen por la
maldad de algunos? ¿Les parece justo? ¿Ven lógico que por tener un tono de piel
más oscuro vivan condenados a ser insultados, maltratados, con menos oportunidades
y víctimas de aquellos que aun creen que el dinero otorga la posibilidad de
esclavizar a alguien?
Ya lo dijo Miguel de Unamuno: “El fascismo se cura leyendo y el racismo se cura viajando”.
¡STOP RACISMO!

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