El día que aprendamos a resolver nuestros conflictos
internos antes que los que tenemos con los demás, viviremos más relajados con
los demás y con nosotros mismos.
El día que entendamos que antes de criticar la acción del
que tengo enfrente, debo saber cómo actúo yo, viviremos entenderemos por qué ha
actuado así.
El día que comprendamos que a veces un esfuerzo puntual no
conlleva siempre la recompensa, sino que la constancia juega un papel más
importante, alcanzaremos nuestras metas verdaderamente.
El día que antes de hablar, pensemos lo que vamos a decir, entenderemos
qué es lo que pensamos de verdad.
El día que comprendamos que nos juzgarán con la misma
severidad que lo hacemos nosotros, aprenderemos a no cuestionar a los demás.
El día que nos demos cuenta de que es muy fácil hablar desde
la distancia sobre algo, pero no tanto hacerlo; comprenderemos el valor y la
valentía que ha tenido esa o esas personas de hacerlo.
El día que entendamos que no somos dueños del destino, de
las actuaciones ni de las opiniones de los demás, seremos más libres nosotros y
lo serán los demás.
El día que apoyemos al que falla, en vez de ‘machacarlo’,
creceremos interiormente y entonces mereceremos realmente llamarnos ‘personas’.
El día que conozcamos la diferencia entre libertad y
libertinaje, seremos realmente libres.
El día que aprendamos a escuchar a los que tenemos
alrededor, mereceremos que se nos escuche a nosotros, antes no.
El día que entendamos que la palabra ‘fracaso’ existe cuando
no lo intentas y observemos la valentía que poseen algunos por resurgir tras
ello, empezaremos a comprender qué es la vida.
Y recuerden, las mejores lecciones de vida nos las dan los
retos no superados. A veces es mejor caer para levantarse con más fuerza.
“Por la vida vas seguro y decidido, pero menos mal que acabarás perdido…
Perderse no es ningún error, a veces es mejor. Te vuelves a buscar, te empiezas
a reencontrar…”. (BSO Cars).
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